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Una breve escapada en el puente de agosto
a Grecia, a Kamena Vourla en plenos juegos olímpicos y
encuentro con todos los amigos y primos con los que pasé
todos mis veranos hasta llegar a los 20 años, cuando el
trabajo ya no lo permitió. |
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Una excursión a Lihadonisia con
Febo y Eleni
Acompañados por Febo y Eleni, Aris,
Esther, Aspro (mi perro) y yo nos vamos en lancha a
las islas paradisíacas de Lihadonisia, espléndidas
playas deshabitadas donde nos dedicamos a buscar las
mejores conchas de la isla para Eleni, la hija de mi
amigo Giorgos Papagianis. Un archipiélago de islas de
aguas trasparentes formada por miles de minúsculas
conchas de mar que forman dunas de lo que a priori
parecía arena. Nos acompaña mi perro Aspro que le
encantan las excursiones y por su puesto, a esta se
apuntó también, aunque tragó bastante agua y se canso
bastante durante la jornada. Sin embargo Eleni recogió
las más bellas conchas que la isla poseía y ella las
guardó como el más precioso tesoro.
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Una escala en la isla de Evia
con Anastasía
Más tarde realizamos una parada en la
isla de Evia para encontrarnos con Sía (Anastasía para
los amigos), donde paramos para un baño. Realizamos
una búsqueda de almejas gigantes para la paella del
día siguiente con excelentes resultados y
posteriormente visitamos la cara noroeste de la isla
de Evia (una de las islas más grandes y menos
conocidas). Un último baño al atardecer en las playas
bosque cercanas a Agios Georgios, donde
cenaríamos en la excelente pizzería famosa en toda
Grecia por ser la mejor de Italia, aunque esté en
Grecia. Recomendamos especialmente la especial de la
casa, obra gastronómica del Chef, llamado
Gerásimos que nos cuidó en todo momento y no faltó de
ná.
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La casa de mi padre, en Kamena
Vourla.
Entre Kamena Vourla y Agios
Konstantinos, junto al mar se encuentra la casa
que mi padre ha construido para su jubilación y para
nosotros. A tan solo una hora y media de Atenas. Se
encuentra en la Grecia continental, frente a la
desconocida y gran isla de Eubea (Evia) en la parte
noroeste de la isla. Frente a las islas de Strongili,
de forma redondeada cubierta de árboles en cuyo centro
se encuentra el faro. Detrás de Stongili está el
pequeño archipielago de las islas Lihadas, nada que
envidiar a las más conocidas isla griega. A
continuación podremos ver las vistas que desde la casa
tiene mi padre. A veces le envidio y entiendo por que
es un hombre tranquilo, en paz, artista y filósofo, ya
que este es un lugar perfecto para ello.
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Un
baño en la playa del camping, en el viejo faro.
Si buscásemos algo que
realmente represente este lugar en Grecia, es sin duda
este viejo faro hoy en día apagado, lleno de historias
que contar, buenas y algunas malas. Un lugar cargado
de recuerdos para mi, junto a la que llamamos la playa
del camping Copelia, hoy también cerrado. Este faro
nos ha visto crecer y hacernos mayores. Junto a él,
nos hemos bañado los amigos, hemos hecho hogueras y
hemos cantado, nos hemos enamorado y desenamorado.
Como durante 35 años he hecho, una vez más nos bañamos
junto a él el grupo de amigos que como años atrás
coincidimos esos días de agosto en la playa del faro
del camping Copelia.
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Aspro y su amigo, el perro
vecino.
Encontrar un Westy en Grecia es
realmente tarea dificil, pero mi vecina Gogo lo ha
conseguido viajando a Italia para encontrarlo. El
amigo y vecino de Aspro se llama Cesar, que en griego
se pronuncia "Chesar". Aspro y Chesar se han hecho
grandes amigos y a veces se visitan. Aspro es buen
anfitrión y permite a Chesar hacer caca y pis en el
jardín de su propiedad. Esther siempre ha dicho que
Aspro es más guapo, posiblemente sea el efecto
"abuela" y yo opino igual, quizás sea el efecto
"abuelo" también. Sea como sea, la pena es que Gogo no
tenga una perra en vez de un perro, ya que sería
entonces perfecto para las vacaciones de mi amigo y
colega Aspro, un perro feliz.
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Café matutino en el chiringuito
de Lihades con Niko
Tras la refrescante tormenta del día
anterior, el día se fue despejando quedando un
precioso cielo de nubes coquetas sobre el cielo de
Grecia. Aprovechamos una vez más para coger la
lancha e ir a tomar café mañanero al chiringuito que
ha montado un griego loco de la zona. Y digo loco, ya
que la isla no tiene habitantes y está desierta y la
una manera que hay para llegar es por mar. No existe
luz eléctrica y duerme solo en la isla por la noche
para vigilar sus pertenencias. Es un lugar idílico,
cuyos colores azules y turquesas en el mar nada tiene
que envidiar a cualquier isla del caribe o cualquier
isla griega conocida.
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Super Paella en la playa en el
atardecer de la isla
Como tantas veces más años atras, un
grupo de amigos (que no todos los que somos) nos
juntamos en el archipielago de Lihades para preparar y
cenar una paella. Esta vez además con las excelentes y
enormes almejas cosechadas por nosotros mismos en la
isla vecina de Eubea. Estábamos allí Seguios,
Alexandros, Anastasía, Alexandra, Nikos, Aris,
Katerina, Esther, Angelos, Guerásimos y yo. Una paella para 10
de la que no quedó nada, quizás una de las mejores
paellas playeras del mundo o quizás así me lo pareció
a mi. Fue al terminarla que desapareció el sol,
entonces apenas me quedaban 5 horas para coger el
vuelo a Madrid y finalizar esta escapada de 4 días a
Grecia en el puente de agosto de 2004.
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